Antigua capilla de indios de la Purísima Concepción

2Φ3Σ27Φ (\)λ√λ22Φ.·. julio 28, 2010 0

Situándose delante de la fachada del templo hospitalario, se ve arriba un nicho donde esta la imagen de la Inmaculada Concepción, señoreando todo frente de estilo barroco plateresco.

Yendo de lo alto a lo bajo, se contempla a los pies de la escultura, la ventana para iluminar el coro, que se encuentra enmarcada de cantera, donde el cincel dejo relieve, hojas parecidas a las del geranio y estas colocadas entre lacería en emes acostadas y compuestas. Formando el conjunto descrito el marco que le proporciona a la ventana un aspecto muy agradable.

Sobre la puerta de madera con bellos clavos, luce la portada en el arco, preciosistas, molduraciones esculpidas, con adornos sacados de los que perfilan la bóveda, en los lunetos de la iglesia de Santa Mónica en Guadalajara. En la clave del arco de la puerta un par de ángeles sostienen corona, haciendo sentir por las actitudes que guardan y los adornos esculpidos junto a sus cuerpos y alas, que van ascendiendo.

A la derecha de la puerta de ingreso ya en el muro, labraron dos músicos, con gorro, capa, pantalón de cuchillas, es decir con trajes del siglo XVIII, los cuales tocan uno el violín y otro la guitarra, señalan que de ese su lado esta la puerta del coro. Descansan los filarmónicos sobre globulosa repisa. Son donosas figuras, poco alejadas de la adornadísima portada, en cuyos lados hay ánfora de donde sale guía con frutos, copiada de un brocado. Los piadosos arquitectos coloniales dejaban enseñanzas. Aquí en lo alto de los arcos que sostienen las bóvedas, representan la Gloria. En el arco medio el Espíritu Santo viene sobre los fieles. En el cercano al presbítero un bienaventurado niño español está y un indio lo acompaña en el arco vecino de la puerta. Por ende allá no existe incriminación. En la Gloria de las bóvedas junto al niño español, se ve Santiago el Apóstol, con la amenazante espada desnuda como para bajar nuevamente sobre los ejércitos infieles. Todas la figuras se hayan en el Edén, a si se encuentran colocadas junto a ramas y clavellinas de los jardines nahoas.

En el muro lateral del norte aún quedan los huecos en que descansaban las vigas de un departamento del nosocomio, como muchos habitantes del lugar eran analfabetas y por su aislamiento conservaban la tradición de la escritura ideográfica, cincelaron en las paredes un caminante que usa bordón, seguido por su perro, aquel tiene ante sí la hilera de animales que encontrará al andar su ruta. Los nosocomios para indios tuvieron la finalidad triple, en ellos se curaba a los enfermos, se dio albergue a los caminantes y se enseñaba a los muchachos. Esto último consta en la causa inquisitorial del padre Abrego. Las figuras descritas avisaban donde era el departamento para hombres. En el otro muro que se encuentra al sur, pusieron los animales domésticos por excelencia: el perro y el gato, allí fue el departamento de mujeres y también se encontró en el la cocina, su grato olor atraía al can y al mimoso felino. Una puerta conopial que permanece tapiada en el interior del templo, comunicaba ese departamento con el recinto sagrado.

En la iglesia hospitalaria de Zacoalco, se utilizó la esquina izquierda del frontis, para inscribir fechas y nombres personales.

Casi pegado a la tierra húmeda del suelo, cuyo salitre lo destruirá, pusieron el dato cronológico: . Bastante arriba de tal fecha empleando sillar grande de sobresaliente color rojo , labraron con elegancia: . Un poco arriba dice: <>. Y a la altura del alfeizar de la ventana, se lee: <>.

De lo expresado se derivan algunos corolarios. En los libros de Zacoalco hay constancia de que en 1674 era la autoridad franciscana Fray Juan de Arreola, porque ese es el que afirma todas las partidas de entierro; comprobándose así lo escrito por Ornelas en su crónica. Por tanto en tiempo de ese padre seráfico comenzaron a fincar la iglesia hospitalaria actual, puesto que el letrero con la fecha 1674 esta muy cercana al suelo. Arriba añade el dato cincelado: . Como Tello escribe que nosocomio se fundo en 1558, resulta entre las dos fechas: 1674 y 1558, una diferencia de 116 años. De acuerdo con esto los cimientos se acabaron de llenar en 1672.

Debemos atribuir al padre Arriola el comienzo del templo hospitalario, el dio a los indios la iniciativa de construirlo, o cuando menos en su tiempo lo empezaron a edificar. Joshe de la Encarnación era probable maestro mayor en uno de los años en que lo fueron elevando. Pedro García durante un lapso fue mayordomo mientras edificaban. Las características de la ornamentación señalan que eran llevados adelante empleando cinceles en manos aborígenes, por Joshe de la Encarnación y otros (no es posible que sea él único) de los que dirigieron la hechura del singular y notable monumento religioso católico.

Fuente: Villaseñor, Bordes, Rubén. <>. Suplemento Cultural de El Informador. 18 de junio de 1989. Páginas 13 y 14.

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