Esta arcaica población de Zacoalco tiene su historia, y tiene su Cristo. Sus épocas están marcadas con tinieblas, errores, paganismo, idolatría, guerras y muerte, ríos de sangre y artura de dolores, antes de la venida del Señor; después claridades y luces, glorias y triunfos: Todo debido a este Cristo. Doy una mirada que abarca todos los tiempos, y veo a Zacoalco antes de la fe, como un cuerpo inerte, sin vida y destrozado por la gentilidad y barbarie, después que se enclavo la cruz en ese altar, huyeron las sombras y vino la paz. Desde esa altura, hace cuatro centurias, tiene abiertos su ojos y tendidos sus brazos, velando por esta población, y las generaciones que han pasado al pie de su cruz, han recibido sendas maravillas. ¡¡Ese Cristo es el alma de Zacoalco!! Es el autor de todas las glorias y sin él, nada es; y aunque ha tenido vicisitudes y dolores en el correr de los años, de la boca de todas sus llagas, ha estilado bálsamo de paz; por eso su esperanza se esconde en la herida de su costado.
Tienen Uds. Voluntad de que estudiemos este punto: LO QUE ERA ZACOALCO ANTES DEL SEÑOR, Y LO QUE HA SIDO EL SEÑOR PARA ZACOALCO. El hijo que no conoce a su padre, y va a oir hablar, por primera vez de él, apresta atento el oído y hasta le late con vehemencia el corazón, deseando saber con ansiedad la vida del autor de sus días; así estaréis vosotros. Para hacerlo con el fruto, que la Virgen Sma. Pida por nosotros.
Grande es el Señor y en gran manera saludable Pslmo. 47 v.1.
Venerables sacerdotes:
Amados fieles:
El nombre primitivo de esta población, es el idioma náhuatl, en dialecto chichimeca: Tzacoalco, que significa: En el lugar del escondite del agua. Corren risueñas leyendas, que no es el caso decir aquí.
El origen de esta población, se pierde en las tinieblas de la prehistoria. Abandonados estos terrenos de las aguas, dieron cabida a la raza humana, y tribus salvajes habitaron estos lugares, siendo los últimos entre esa confusión de gentes los otomíes, tribu escasa de tradiciones y leyendas y que no sabe dar cuenta del lugar de su origen, ni de su genealogía.
Cuenta la historia, que los dardos obscurecieron el sol y quedaron tendidos en el campo diez mil guerreros. Todo este triunfo se debió al rey de Colima, que los auxilio y dirigió; pero el se llevo la ventaja, porque los hizo tributarios, y Zacoalco quedo en su dominio de aquel poderoso imperio de la Mar del Sur, llamado Colima. Esto sucedió el año de 1510. Los blancos vinieron al finalizar la tercera década del siglo XVI y entonces todo el Chimalhuapan quedo en sus manos. Los errores dogmaticos en estas épocas descritas fueron pésimos. Tenían la idolatría, la superstición y como la moral de la vida la poligamia o sea un varón con varias mujeres; el hombre era para la guerra y la mujer para sostener el hogar y se vivía de la pesca y de la caza.
Divisaban los seres imaginarios, protectores de las lluvias, del fuego, de la guerra o de mas necesidades humanas. Aquí en Zacoalco tenían un Dios protector de las salinas, que le dieron grandioso culto después de la guerra con los tarascos y se llamaba Iztlacateotl y sin duda su cué, templo o pirámide; fue esa montaña cónica que Uds. le llaman “Los Juanvicentes”. Allí ardían los copales y se presentaban las ofrendas.
Pero un día aparecieron los religiosos franciscanos trayendo una fe nueva y predicando a Jesucristo, y a este, Crucificado. Los indios prestaron atento oído, para saber que el Dios que hizo el cielo y la tierra, bajo al mundo, se hizo hombre y murió por nosotros. Y sintiendo amarlo y seguir su doctrina, inclinaron la cabeza y se dejaron bautizar; y rompiendo sus ídolos y quedo solo y sin culto en la montaña Iztlacateotl, cuya memoria ya casi se ha perdido.
Predicaron en estos lugares. Fr. Juan Antonio Padilla, Fr. Miguel de Bolonia y Fr. Antonio de Segovia. Regaron la semilla la semilla de la fe y ese árbol corpulento, esta, hoy en dia dando óptimos frutos.
El año de 1568 un temblor derribo esta iglesia y la volvió a principiar y reconstruir el mismo guardián FR. Miguel Lovato el año de 1585, que es la iglesia actual.
El segundo guardián fue Fr. Pedro de la Cruz, y continuo dicha fábrica tres cuartas partes de altura, que la suspendió por falta de cal y este grandioso templo le dio feliz término Fr. Juan de Abrego en 1595.
Estuvo en esta, Fr. Antonio Gordejuna, que fue víctima de un temblor. En la noche del 27 de diciembre de 1568, la tierra dio en esta región un sacudimiento y arruino pueblos y templos e hizo muchas víctimas. En Atoyac murió Fr. Hernando de Pobre, en Amacueca el P. Mendieta, en Cocula Esteban de la Fuente y en este mismo templo ofreció su vida por sus ovejas el P. Gordejuna, y Dios acepto y cayendo una bóveda, murió acompañado de 64 de sus fieles.
Pues bien, estos santos religiosos, hijos de Serafín de Asís, trajeron el Santo Cristo. Habían predicado su fe, cual los apóstoles y era tiempo de que lo presentara a los neófitos, diciéndoles: “He aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo”.
¿Cuáles fueron las manos que lo esculpieron, en donde y que tiempo data? El historiador Matias de la Cerda, asegura que es de las mismas manos que el Cristo de Amacueca, y a este, lo hizo Luis de la Cerda mestizo, hijo de Matias de la Cerda, español y el mejor escultor que vino del viejo continente. A estos artistas los movilizo D. Vasco de Quiroga, en México el año de 1557 en que regreso por segunda vez a España. Por lo tanto, la cuna del Señor, fue Patzcuaro, las manos que lo esculpieron fueron las piadosas de Luis de Cerda y el año juega entre la sexta y séptima década del siglo XVI.
El Señor fue hecho por vía extraordinaria. En aquellas épocas de tanta fe, la oración lo realizaba todo, y el cielo acudía con luces especiales al que la solicitaba. El escultor, era tan piadoso, que vivió con virtud reconocida y murió de fama de santo. Su cuerpo lo cubrieron con blancos lirios en señal de inquebrantable pureza. Antes de esculpir un Cristo, primero iba a la oración, rogándole a Ntro. Señor, le diera una de las posturas que tuvo en la cruz, para reproducirlo, y no movía los instrumentos, hasta que se sentía con inspiración. Tal era la fe de su alma. Por eso he dicho que fie hecho con inspiración celestial. Cabe pregunta: ¿Por qué lo inspiro Ntro. Señor en el momento de morir y con esa magnitud de su cuerpo? Es un misterio de dulcísimas reflexiones que no hemos de omitir.
Jesucristo en la cruz, se acordó de todos los pueblos del mundo y por todos oro. Yo me imagino que a Zacoalco le toco el último turno, y antes de morir, oro al cielo por él; de allá que así fue la inspiración para el escultor. ¡¡Efectivamente, ese Cristo es muriendo esta espirando!! En sus hijos se está apagando la luz de su vida, su pecho se hunde por la agonía y su garganta se inflama, porque allí va el último suspiro. Que acertado estuvo el título de “El Señor de la Inspiración” Es grande el Señor; porque así lo necesitaba Zacoalco. Bien que ha de ver visto el alma de esta población, con sus faltas de todos los tiempos, y quiso venirse aquí, para implorar misericordia perpetuamente. Quiso tener un cuerpo grande, para padecer mucho por él; tener mucha sangre, para lavar con ellos todos los crímenes; tener unas manos grandes, para estrechar fuertemente a todos sus hijos; quiso un corazón grande, para amarlos mucho, ese Cristo, detuvo hasta la muerte, para orar mucho por Zacoalco.
Las páginas de la vida del Señor, en este lugar están escritas con luces de maravillas. Cuenta el P. Ornelas que un hombre andaba en la altura de la torre y se desprendió desde lo allá y que en el viento invoco al Santo Cristo de Zacoalco, y cayó sin lesión alguna.
El historiador Matias de la Mota Padilla, refiere, que en una ocasión, se retiraron las lluvias, y que estaña por secarse las sementeras, y acudieron al Señor, y lo sacaron en procesión por el campo. No había una sola nube en su salida; pero instantáneamente aparecieron en una y otra serranía y dejo venir tal lluvia, que no tuvieron tiempo de haber llegado al templo y así hubieron de dejarla en la Capilla del Hospital. Pero sin ir tan lejos, esa ha sido la maravilla de todos los años.
Amados fieles: Confesad, conmigo esta verdad: Que vuestro Santo Cristo ha sido para la población un verdadero PADRE. El padre, engendra, mantiene, educa, flagela, perdona y ama. Todo lo ha hecho el Señor con vosotros. El os ha engendrado en la fe. Apenas se presentaron los santos misioneros, predicando a Jesucristo, y cayeron en sus pedestales los ídolos.
¿Qué el Señor Castiga? Muy necesario; pero el perdona. Si las lluvias se retiran, en justo castigo, luego, perdona; y si es necesario, hacer una maravilla la hace si es necesario, porque puede hacerla. Su divisa es perdonar por eso está en la cruz. Si viene un hijo prodigo, lo perdona, si viene una escandalosa Magdalena, la perdona es Padre ¿Qué los ama? No puede pensarse en tan dulce verdad. Ama desde su cruz al justo y al pecador. Nadie se retira de su presencia si llevarse sus consuelos.
Mañana partiré, y me llevare la grata impresión de que Jesucristo crucificado, ama mucho a esta Ciudad, y como su moradores aman mucho al Señor. Si alguno se pregunta ¿Qué, vi en Zacoalco? Le contestare, que vi la gloria de los cielos: Al Señor transfigurado de amor en la cruz. Si otro me pregunta: ¿Qué, Zacoalco es rico? Le diré, que sí, porque tiene la riqueza de todas las riquezas, el tesoro inagotable, que los hace felices: tiene un signo de alianza con el cielo, un iris que calma todas las tempestades, un arca santa, en que están vinculadas todas las bendiciones celestiales, un Cristo en que han sido benditas todas las generaciones: Y si me interpelan preguntándome: ¿Qué Zacoalco, merece estas atenciones celestiales? Les diré que no; lo tienen todo por el Señor. Si recibiera lo que merece, vendría el castigo. Bien pudiera suceder, que las aguas de este lago, conociendo los crímenes de esta población, movilizara sus aguas y vinieran arrasarlo todo, para no dejar huella alguna; o que esta tierra, que sabe estremecerse, temblara para hundir a su habitantes; y no sería más que el látigo Eterno del Padre, que asomara su justicia indignada por crímenes de los hombres. Cuando eso quisiera suceder, allí esta Jesucristo, para interponerse entre el cielo, la tierra y las aguas, y vino, aquí a Zacoalco, para ser defensor. Yo elogiare mucho a esta población. Porque ama y es amada mucho del Señor. Benditos sean aquellos santos religiosos que os legaron tan preciosa reliquia, tan grande tesoro: un Cristo para que conservara la fe incólume, que ellos a costa de tantos sacrificios habían predicado, para que cuando se sintieran desatinados de la vida, lucha de las pasiones, amarguras de este destierro, vinieran a depositar su confianza en la herida de esta costado abierto, para que le dieran toda su caridad al que está muriendo de amor en la cruz. Bendita sea, también la memoria de vuestros padres, que supieron corresponder a esos anhelos que nacieron conociendo al Señor, vinieron amándolo y duermen en las tumbas al calor de sus bendiciones. Esta generación le debe mucho al Señor. Ha recibido de las sendas maravillas y le está muy obligada. En esta, casi mitad del siglo, han tenido guerra en lugares vecinos y han quedado los campos tintos de sangre, ha habido terremotos, que en otros lugares han derivado pueblos y dejado víctimas, y Zacoalco no tiene huellas de guerras, ni de terremotos: aquí esta la mano del Señor. Han venido las sequias, y en los campos se inclinan las mieses y se niegan a dar el pan de los hogares; pero luego sacan el Señor en devota procesión y vienen las lluvias y allí está la maravilla, que la reconoce hasta el impío. Por eso, es, que Zacoalco, necesita vivir a los pies de esa cruz; porque allí esta su dicha, su historia, su grandeza y el remedio de sus necesidades. Todo está bien demostrado. Esta parroquia guía ha manifestado su amor su gratitud al Señor. Eso significa este movimiento de clero y pueblo, administración de sacramentos y culto hasta público. ¡Bendita sea la piedad! ¡Santo Cristo de la Espiración! ¡Señor de la Salud! ¡Padre, protector y amigo de este lugar! ¡Estas satisfecho de tus hijos que te aman! ¡Qué dilate tu corazón de Padre, en este festejo que te ofrecen! Han hecho cuanto han podido. Aquí los tienes arrodillados, protestando su amor. Inclina tu cabeza que mira al cielo y das una mirada cariñosa; tiene tu mano poderosa y bendícelos, y se para Zacoalco: Salud, Paz y Bendición.
San Juan Bautista de Túxpan, ,Publicación 6 de agosto de 1946.






buelbo a comentar que esta informacion pertenese al Pbro Luis Enrique Orosco, en su libro los cristos de caña de mais, tomo I.